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Después de un embarazo

Genève

«Ya no me reconocía.»

Siete meses después de nacer su hija, Camille no tenía ni una sola foto suya. Reservó una jornada Kaina sin decírselo a nadie.

Camille, 34 años Genève · Pass L'Expérience

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Retrato final de Camille, mirada directa, serena y presente

«Creía que venía a buscar fotos bonitas. Me fui con la prueba de que yo seguía ahí.»

Su jornada

En cuatro imágenes

De la llegada al retrato.

Cada jornada Kaina sigue el mismo movimiento: llegar, hablar, dejarse fotografiar, marcharse con una imagen que sirve de prueba.

Camille llega, todavía con el abrigo puesto, los brazos cruzados sobre el vientre

09:12

Estuvo a punto de no venir

« J'ai tourné vingt minutes autour du pâté de maisons. Je me disais : qu'est-ce que tu fais là, tu n'as rien à montrer. »

Camille conversando, inclinada hacia delante, con las manos que hablan

10:40

Hablamos, mucho rato

« Personne ne m'avait demandé comment j'allais, moi. On m'avait demandé comment allait le bébé, pendant sept mois. »

Camille ríe de sorpresa ante el objetivo, con una mano delante de la cara

14:25

El primer clic

« J'ai ri parce que c'était absurde d'être là, plantée devant un appareil. Et cette photo-là, c'est celle que je préfère. »

Retrato final de Camille, mirada directa, serena y presente

17:50

Lo que se llevó

« Je l'ai imprimée. Elle est dans le couloir. Les jours où je doute, je passe devant. »

Su relato

Camille, 34 años

Lo que ella cuenta.

Camille tiene 34 años y una hija de siete meses. Nos escribió un domingo por la noche, después de buscar una foto suya para enviársela a su hermana y no encontrar ninguna. «Siete meses de vida de mi hija, cientos de fotos. Y ni una sola mía. Me había borrado sin darme cuenta.»

La jornada no empezó por la foto. Empezó por un té y dos horas de conversación, porque es ahí donde se juega todo. Camille habló de su cuerpo, de lo que llamaba «los destrozos», del silencio que hay alrededor de eso. Del cansancio también, y de la culpa de nombrarlo.

Por la tarde, delante del objetivo, primero se rio de vergüenza. Luego dejó de reírse. La fotógrafa no pidió nada — ni una pose, ni una sonrisa. Esperó.

«Lo que no había previsto es que no iba a hablar de fotos en absoluto. Hablaba del sitio que me permito ocupar. Las imágenes son solo la prueba de que ese día lo ocupé.»

Otras historias

Testimonios

Ellas también vinieron.

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